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Lo que el Luis Elizondo tiene por decir

Viernes, 20 octubre 2017

Lectura de 5 min.


Hace algunos días el Auditorio Luis Elizondo gritó a los cuatro vientos sus primeras palabras y desde entonces no ha parado de hablar. El coloso cultural del Tec ha abandonado su mutismo terracota y por sus paredes se va filtrando todo aquello que el ALE (nombre coloquial que le ha dado la comunidad del Tec) no había podido decir a su comunidad.

Desde su inauguración en 1980,  el Luis Elizondo ha sido epicentro de las manifestaciones artísticas. Guarida de Difusión cultural. Bastión que hace Universidad al Tec. Escenario de óperas, conciertos del Ensamble y hasta debates presidenciales. En síntesis: recinto inagotable. Lo que ocurría dentro de sus paredes sólo podía ser imaginado desde fuera y para conocerlo hacía falta atravesar su umbral de cristal.

Sin embargo, la magia del arte es que siempre halla la manera de escaparse; contener la vida, las voces, los bailes que son tan propios del ALE resulta en algo imposible. Es por ello que intervenir todas sus fachadas más que un cambio de aspecto, es un acto de congruencia.

Si el Tec está dispuesto a volverse hacia su comunidad, es preciso darle a este edificio la oportunidad de conversar con el exterior; que diga a quienes pasan, a quienes lo conocen y a quienes estén por saber de su existencia, que tiene una voz propia. Esto no es poca cosa; desde DistritoTec estamos convencidos del poder que tiene el arte público para detonar el diálogo sobre nuevas ideas, pero sobre todo para retomar las pláticas pendientes.

No es secreto que nos inquieta hablar de los cambios, ¿quién podría ser juzgado por temerle a lo desconocido? Nada es más humano que eso. Sin embargo, lo verdaderamente sublime es la aventura de transgredir lo usual. Bastó el primer brochazo en el ALE para que hiciera su aparición una publicación en Facebook que alcanzó más de 250 interacciones y decenas de comentarios: a favor, en contra y de genuina sorpresa. El Auditorio había comenzado a conversar y no lo hizo con un tímido “hola”.

La encomienda de traducir todo aquello que el ALE tiene por contar –y que tendrá que contar a futuro– no podía dársele a cualquiera. Era preciso encontrar quien fuera capaz de entender la obra como algo más grande que el artista. Al final, Sten+Lex fueron la elección. Dos artistas italianos que cubren su rostro en las apariciones públicas (en el sentido mediático de la palabra) y en ello revelan su convicción por traducir la realidad.

Sten+Lex están lejos de ser unos improvisados. Han expuesto en rincones contrastantes del globo: del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, al Museo de Arte Urbano de San Petersburgo y hasta la galería Magda Danysz en Shanghai. Además, Sten+Lex están familiarizados con el trabajo en territorio nacional: en 2015, como parte de la exposición Paesaggi Industrial, intervinieron con un patrón inspirado en Monte Albán un edificio de la colonia Roma y este año, a principios de octubre, hicieron un mural en la ciudad de León, Guanajuato.

La técnica que dominan, y de la cual son sin duda unos de los mejores exponentes a nivel mundial, es el esténcil y verlos trabajarla en vivo es parte de la obra misma. Si uno pasa por el ALE podrá ver cómo sobre la punta de una de las grúas de 20 metros se posa algo así como un insecto alado; son Sten+Lex que, protegidos del sol de Monterrey por unos paraguas siameses,  cubren de papel con patrones impresos y lleno de engrudo las fachadas del auditorio. Una vez seco, retiran los pedazos que irán pintados de negro, rellenan estos espacios y finalmente, retiran los papeles restantes. El proceso va generando paulatinamente pequeñas rendijas a través de las cuales se filtra la voz del auditorio.

El ALE es el lienzo más grande al que se enfrentan. Su superficie de más de 4000 m2 y sus texturas irregulares lo vuelven un reto único y digno de su esencia. Stan+Lex tendrán cerca de dos meses, más de 1800 m2 de papel y decenas de litros de pintura para que este inédito cambio de piel nos lleve de la mano a un diálogo entre aspecto y espacio.

Estamos seguros de que la sexta intervención a gran escala del Programa de Arte Público logrará por lo menos dos cosas: hacernos ver con otros ojos el paisaje cotidiano y, por supuesto, abrir conversaciones.

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