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Otras bibliotecas

Sábado, 21 octubre 2017

Lectura de 4 min.


En el marco de la inauguración de la nueva Biblioteca en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, Rosaura Barahona nos regaló esta reflexión. Por complicaciones de salud no hubo oportunidad de que conociera en persona el nuevo espacio. La recordaremos siempre profunda, crítica, atenta. Descansa en paz.

En el marco de la inauguración de la nueva Biblioteca en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey alguien le comentó a Rosaura Barahona que “ahora, con la nueva biblioteca, los maestros iban a investigar más”. Fiel a su personalidad y visión crítica, nos hizo llegar días antes del evento la reflexión que más adelante publicamos.

Por complicaciones de salud, no hubo oportunidad de que conociera con sus propios ojos el nuevo espacio ni de que continuáramos esta conversación en persona, solo pudimos intercambiar algunos correos y llamadas de clarificación.

Compartimos este texto como un homenaje a su memoria y a su espíritu inquieto. Sus textos nos ayudarán a recordarla siempre. Aceptamos su invitación a mantenernos reflexivos, vigilantes, críticos, propositivos, tanto interna como externamente. Descansa en paz Rosaura.


Cuando el Campus Monterrey era el Tec completo porque no tenía Prepas en la ciudad ni campus en otros estados, la Biblioteca era de estante cerrado.

Si alguien necesitaba un libro debía ir al segundo piso del edificio de Biblioteca, hoy conocido como Rectoría.

Los alumnos sólo tenían acceso a ficheros, no a libros. Consultaban los ficheros, buscaban el libro, copiaban los datos en una ficha y la entregaban a la encargada.

La ficha se enviaba en un montacargas al sótano, en donde estaban los libros y las encargadas de buscarlos que los enviaban al segundo piso por el mismo medio. Ahí se sellaba la fecha de devolución y se archivaba la ficha de quien lo llevaba prestado.

Cuando la Biblioteca se hizo de estante abierto, los libros se reubicaron en salas distintas y cada quien consultaba los ficheros de sala, buscaba el libro y al encontrarlo, lo tomaba, lo llevaba al encargado, llenaba su ficha y se lo llevaba.

Lo bueno de ese sistema es que al buscar el libro descubrían otros vinculados con el tema y eso los enriquecía.

Contraste entre las áreas de estudio de la biblioteca actual y la anterior.

Se crearon una Sala de Preparatoria (3er piso de aulas 3), y tres en Rectoría: la de Economía (sótano), la Sala 1 (1er piso) y la Sala 2 (2° piso) que duraron ahí hasta el 6 de julio de 1968, fecha en que se cambiaron todas al nuevo edificio de Biblioteca.

Yo era Directora de circulación de Biblioteca y me tocó hacer el cambio. Me acuerdo muy bien de la fecha porque ese día me casé a las 7:00 de la tarde y a las 3:00 pm todavía andaba supervisando el traslado de los libros.

Me dicen que la nueva Biblioteca es una belleza y que servirá para que los maestros, ahora sí, investiguen. No dudo que sea una belleza, pero la nueva Biblioteca no está vinculada a una mayor investigación por parte de los maestros.

Trabajé 29 años en el Tec y conozco bien todos los intentos hechos para que los maestros investiguen. El espacio no da para sintetizarlos, pero le garantizo que la falta de investigación sistemática no se debe a la falta de una buena biblioteca o de recursos tecnológicos, sino a la falta de tiempo.

En Estados Unidos los maestros a nivel universitario dan una clase y el resto del tiempo, investigan. Aquí dan tres o cuatro grupos, los necesarios para tener 80 alumnos.

Si cada clase es de tres horas por semana, son otras tres horas de preparación, más dos o tres horas por grupo para revisar tareas, proyectos o atender alumnos. Y faltan las juntas.

La Biblioteca nueva traerá cosas muy buenas para todos, pero no hará investigadores por sí misma.

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