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Arte Público: provocación y encuentro

miércoles, 4 octubre 2017

Lectura de 5 min.


Esta entrada fue escrita en colaboración con la Revista Campus Cultural y busca hacer un resumen de lo hecho en el Programa de Arte Público y si relevancia para establecer un diálogo en la ciudad.

El autor de esta entrada es Gilberto Coker, colaborador de DistritoTec y ExaTec de Ingeniería Industrial y de Sistemas. Consulta la publicación en la revista Campus Cultural aquí


Basta con ver la reacción que ha generado intervención de Dr. Lakra en el túnel de la Loma Larga para evidenciar que el arte en la ciudad tiene una fuerza y una carga política que otros elementos urbanos carecen. Por ejemplo, ¿ por qué no generan la misma bilis los miles de espectaculares que asedian a cualquier transeúnte que se atreve a circular por la ciudad? Esto se debe a la función del arte público y a cómo estos elementos identitarios en el espacio público nos representan y nos sirven para entendernos como sociedad.

El arte, por su naturaleza, siempre provoca una reacción; el arte siempre exige interpretación. Es un ejercicio empático que nos sirve para identificarnos y reconocernos. En el espacio público esto es particularmente importante, porque nos provee de formas y herramientas para conectarnos con otras personas con quienes a veces no compartimos nada más que un espacio. Por eso el arte en la ciudad, a la vista de todos, es relevante.

Creo que los seres humanos, por su naturaleza social, nos reunimos en aglomeraciones urbanas para resolver problemas en común, para encontrarnos, y para compartir. En este sentido, el espacio público es la herramienta de comunicación fundamental para toda acción, interacción, y transacción humana. Un espacio público funcional es aquel que nos permite comunicarnos efectivamente entre los que habitamos la ciudad; es un espacio que le da contexto a nuestras ideas y que enmarca nuestras acciones cotidianas en una identidad urbana común.

DistritoTec lo ha entendido desde el inicio y por eso puede abordarse como un proyecto cultural. En este sentido, el programa de arte público surge como una estrategia para mejorar los espacios y lugares públicos del distrito –con mejorar no me refiero a solamente embellecer o mejorar el aspecto de los lugares donde se realizan las intervenciones de arte– hasta volverlos sitios de encuentro, que generen lazos entre las personas y el espacio que comparten.

Mi sueño es que el programa de arte público se convierta en una manifestación física de la diversidad de ideas y de personalidades en la ciudad. Sueño que sea posible que cualquiera se sienta parte de la ciudad mientras la vive.

Hasta este momento se han realizado cinco obras de gran formato. El programa inició con pocas obras de gran formato para despertar el interés de todas las personas que paulatinamente se van sumando al programa. Los artistas que han intervenido estos espacios cuentan todos con una gran trayectoria en el mundo del arte, habiendo expuesto y trabajado en el circuito de arte internacional por varios años antes de llegar a este proyecto.

Saner, en Avenida del Estado nos habla de la evolución del hombre y su relación con la tecnología, particularmente en el contexto mexicano, ya que Saner explora principalmente elementos gráficos de la identidad mexicana.

Arre, en Junco de la Vega nos habla de la inspiración, y en sus colores expresa cómo se conectan las ideas y como el cruce de las mismas nos puede llevar a lugares nuevos.

Agostino Iacurci en Pabellón Tec pintó el famoso mural de las frutas, esto porque nos dice que la ciudad es un semillero de ideas, y que cada fruta contiene miles de posibilidades distintas.

Katie Merz trabajó sobre la planta de agua que se encuentra en F. García Roel, ella en su proceso se dedica a conocer la comunidad que transita la calle y la plasma en glifos y símbolos.

Nuria Mora en el túnel de CEDES nos invita a transitar un espacio donde el color es un vehículo que acompaña el pensamiento para todos los transeúntes.

Estas intervenciones de gran formato ya empiezan a enriquecer el tejido urbano, pero con un solo medio artístico. Si aspiramos a crear una identidad no puede limitarse el arte público a estas dimensiones. El impacto del arte crece cuando se integran diferentes escalas y estilos en las intervenciones.

Para mi, coordinar el programa de arte público ha sido esperanzador porque me ha hecho consciente de todas las posibilidades que existen para las ciudades, de las maravillas que podemos tener y que estamos buscando crear; pero también ha sido  frustrante porque estas posibilidades tienden al infinito. Se siente como buscar un horizonte imposible de alcanzar, pero en el proceso de buscarlo se va trazando un camino. Parece ser imposible que una vida alcance para hacer mella en este asunto, pero bueno, lo podemos intentar.

El reto no es fácil, ya que exige la entrega de muchísimas personas comprometidas con la excelencia en la práctica y difusión del arte para cambiar la ciudad que vemos hasta volverla más humana, más incluyente, que provoque el encuentro, que abrace la diversidad, y que invite a construir una visión compartida del futuro.

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